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Las primeras flores del deshielo

Las primeras flores del deshielo

A Volchik siempre le parecía extraño que el invierno pudiera empezar a desaparecer tan deprisa. Apenas unos días antes todo era nieve, silencio y ramas dormidas. Pero de repente el aire cambiaba un poco, el sol parecía quedarse más tiempo y el bosque comenzaba a despertar lentamente.

—¿Cómo sabe el bosque cuándo llega la primavera? —preguntó una vez Cheburashka.

Volchik no supo responder. Solo encogió las orejas y dijo que quizá los árboles tenían algún secreto que nadie más conocía.

Por eso, cada año, cuando llegaba el principio de marzo, Volchik salía temprano a buscar las primeras flores bonitas que encontraba. No las más perfectas ni las más grandes, sino aquellas que parecían guardar un poquito del primer calor de la primavera.

Aquella mañana volvió con un ramo lleno de colores suaves y pequeños detalles que el bosque acababa de despertar.

—¿Son para mí? —preguntó Cheburashka, sorprendido.

Volchik asintió, un poco avergonzado.

—Dicen que el sol de marzo trae algo especial… y pensé que quizá las flores también deberían hacerlo.

Cheburashka sonrió mientras el bosque, todavía cubierto de nieve, empezaba poco a poco a llenarse de luz.

Porque algunas primaveras empiezan antes, justo en el momento en que alguien decide regalar algo bonito.